12:16 AM
Friday, 25 Jul 2014

 

Viernes, 27 de Junio 2014

 

El defensor del Pueblo encargado, Esiquio Manuel Sánchez Herrera, confirmó que como resultado de la Sesión Extraordinaria de la Mesa Nacional de Víctimas convocada la semana pasada en la capital de la República, de la cual la Defensoría ejerce la Secretaría Técnica, fueron elegidos por iniciativa y de común acuerdo entre los mismos líderes, las personas que en primera instancia podrían asistir a La Habana para participar en el punto 5 de la agenda de negociaciones entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Farc.

El funcionario envió un oficio al Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, oficializando la decisión de los representantes de las víctimas en la Mesa Nacional de Participación Efectiva, de conformidad con la próxima reanudación de los diálogos y la Declaración de Principios dada a conocer por los equipos negociadores el pasado 7 de Junio.

Cabe recordar que el 4 de Octubre del año anterior en Girardot, producto de 865 mesas municipales y 32 departamentales, hubo un primer avance con la selección de 55 líderes, quienes durante los últimos meses y hasta la fecha han sido los encargados de concretar los planes, proyectos y programas para la participación de las víctimas en el marco de la ley 1448.

De otra parte, y luego que se conocieran públicamente nuevas amenazas contra integrantes de la Mesa de Víctimas tanto en Atlántico como en Antioquia, el Defensor encargado rechazó las intimidaciones contra Martha Díaz, Yesenia Pérez y Leslie Orozco, quienes el pasado 18 de Junio recibieron mensajes a través de correos electrónicos enviados por un supuesto comando urbano de “Los Rastrojos” que las declaró objetivo militar, así como el atentado ocurrido el lunes contra el hijo de la coordinadora municipal Anaidalyt Delgado Lezama y las amenazas contra 8 de los 24 miembros de la Mesa de Participación de Víctimas en Medellín.

Cabe recordar que en el caso de Martha Díaz, Presidenta de la Asociación de Familias Unidas por un Solo Dolor (Afusodo), hay serios antecedentes de intimidación y riesgo, razón por la cual la Unidad Nacional de Protección (UNP) asignó un esquema de seguridad nivel dos, es decir con escolta y vehículo blindado. En cuanto a Leslie Orozco, integrante de la Mesa Nacional de Víctimas en la Costa Caribe, también hay algunos hechos preliminares que condujeron a la disposición de un esquema blando de protección; mientras que para Yesenia Pérez se trata de la primera circunstancia de esta naturaleza.

En ese orden de ideas, Sánchez Herrera pidió mantener la seguridad para Martha Díaz, solicitó revisar el nivel de riesgo de las otras lideresas amenazadas en Barranquilla, urgió investigar las intimidaciones contra los representantes de la Mesa en Antioquia e insistió en que tal como lo anunciaron el Gobierno y las Farc en su Declaración de Principios para el punto 5, proteger la vida e integridad personal de las víctimas es el primer paso para la satisfacción de sus demás derechos.

 

Fuente: www.elespectador.com/

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Viernes, 27 de Junio 2014

Dentro de los factores de riesgo que el estudio tomó en cuenta para que los desmovilizados puedan reincidir en sus delitos, se encontró que el mantener relaciones con excombatientes o quienes hayan sido sus comandantes durante la época de ilegalidad.

También se evalúan factores como la reintegración exitosa a su comunidad y la forma en que esta y su familia lo reciben, así como la satisfacción que puedan sentir frente al programa de reintegración del Gobierno Nacional coordinado por la Agencia Colombiana de Reintegración.

También se encontró que temas como el estrés postraumático inciden en las decisiones que los desmovilizados puedan tomar luego de intentar reintegrarse a la vida civil.

En este sentido, la Fundación Paz y Reconciliación emitió una serie de recomendaciones al Gobierno Nacional con el fin de mejorar el programa de reintegración que se está llevando a cabo en la actualidad y mejorar procesos que surjan a futuro con la desmovilización de otros grupos armados ilegales como las Farc y el Eln.

Entre estas recomendaciones están el atender los factores de riesgo anteriormente mencionados, así como brindar una asesoría psicológica personalizada con el fin de tratar temas como la depresión y el estrés postraumático de los excombatientes.

También está la propuesta de fortalecer entre los desmovilizados un componente de formación moral, con el fin de que cada uno de ellos justifique el uso de la violencia en su accionar.

Un informe oportuno

El jefe de la delegación negociadora de paz del Gobierno Nacional, Humberto De la Calle Lombana, estuvo presente en el lugar para conocer el informe y agradeció a la Fundación Ideas para la Paz por la presentación tan oportuna de este informe.

Según él, “tomando en cuenta que en la actualidad estamos negociando formalmente con las Farc y tenemos acercamientos con el Eln, es importante y pertinente conocer los resultados de experiencias de desmovilización anteriores que nos pueden servir mucho en el futuro cercano”.

A pesar de que aseguró que el tema del desarme será lo último que se discuta en La Habana (Cuba), “es muy bueno que desde ya se esté construyendo algo más sobre el tema de la reintegración”.

El jefe negociador del Gobierno no dejó pasar la oportunidad para reiterar a los presentes en el auditorio que “la paz en Colombia no se construye con la firma de un acuerdo, sino que es responsabilidad de toda la sociedad”.

En este sentido, manifestó su preocupación por la polarización que existe al interior del país con respecto al proceso de paz con las Farc. Según él, “no podemos permitir que si llegamos a un acuerdo de desmovilización con la insurgencia armada, sea el ambiente en Colombia el que haga su implementación inviable”.

Colprensa/ VANGUARDIA LIBERAL

Fuente: www.vanguardia.com/

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Jueves, 26 de Junio 2014

For all the damage that air strikes and smart bombs have inflicted on Colombia's Farc rebels, the biggest threat they face may be the hot tub and the computer room at this converted motel along the highway.

Repurposed by the Colombian government as a hogar de paz (peace home), the motel is a kind of halfway house for guerrillas who desert. After hiding out in the jungle for a decade or more, hardened fighters can surrender to Colombian forces and spend the next three months playing volleyball, watching football and eating all the ice cream they want.

The creature comforts are just a first bite of the carrot offered by Colombia's innovative Agency for Reintegration as it beckons the leftist rebels to defect and start down the long road from guerrilla soldier to rehabilitated civilian.

"I just got tired of fighting," said one 30-year-old, lounging in shorts and flip-flops, with a ragged scar running from elbow to shoulder where a government bomb nearly ripped off his arm. He said he was 15 when he joined the Revolutionary Armed Forces of Colombia, the rebel group known by its Spanish initials as the Farc. "That's half my life," he said, as if that were just now sinking in.

Few Colombians remember a time when their country was not at war. More than 200,000 people have died in the 50-year-old conflict, but after 18 months of peace talks in Havana, the Farc's commanders and government negotiators have brought the country closer than ever to a truce.

If the talks eventually succeed, it could mean the sudden demobilisation of 7,000 to 10,000 of the Farc's combatants – men and women who would need counselling, social services and, most importantly, training for jobs decent enough to keep them from parlaying their combat skills into high-paid work for Colombia's drug mafias.

If the negotiations break down, the Agency for Reintegration will likely take on even greater strategic importance as the preferred way to reduce the rebel forces without firing a shot. The Farc considers the reintegration programme to be one of the government's weapons of war. Its punishment for desertion – or attempted desertion – is death.

Colombian officials allowed the ex-combatants to be interviewed on the condition that their names would not be published, saying it would put them at grave risk.

Some of the fighters had "flown away" – their term for desertion – just a few days earlier. One said he no longer believed that the Farc could win, giving up after 16 years in the jungle. Another quit because he was sick with tuberculosis and his commanding officer refused to let him seek treatment. Another said he had survived five aerial bombing attacks and did not think he could live through another.

As the peace talks have advanced in Havana, the pace of defections has accelerated.

"Nobody wants to be the last one to die," said General Mauricio Zuniga, the military official in charge of all five of the country's peace homes, which took in more than 1,200 defectors last year.

Once in government custody, the fighters are interrogated to corroborate their stories and pry out new intelligence about troop movements and the Farc's leaders. Special analysts are brought in to root out rebel spies.

Then the long "reintegration" process begins, starting with three months of rest and recuperation for exhausted troops whose commanders warned them for years that they would be tortured if they ended up in government hands.

Instead, they get fresh clothes, a small cash stipend, use of a swimming pool and basketball courts. They take courses in maths and literacy and are taught basic life skills, such as how to use an ATM, sign up for Facebook and schedule a doctor's appointment.

"Also that they can't just urinate on any tree they want," said counsellor Liliana Pinto.

The government says that 90% arrive with post-traumatic stress disorder. It has invested heavily in counselling from psychologists and social workers, acknowledging that many ex-combatants will need years of therapy. "We can't forget that this process is going to take a long time," said Alejandro Eder, director of the Agency for Reintegration. "War is a crazy experience, and a lot of these people have been driven crazy, especially if they've been fighting since they were 12 years old."

Most of the Farc defectors were recruited around that age, Eder said. The average length of time they have spent in the jungle is 14 years.

Each of the rebels interviewed outside Bucaramanga in northern Colombia, about 400km northeast of the capital, Bogotá, said they voluntarily joined the Farc and were not forcibly recruited. But few seemed to have taken up arms to wage class warfare or advance the Marxist worldview that the Farc espouses, even as it engages in drug trafficking and kidnapping.

Nearly all the former combatants came from families that had been shattered by violence or the death of a parent – in many cases, at the hands of the right-wing paramilitary groups that have been the Farc's mortal foes.

"When I was two, they killed my parents and burned my house down," said one 20-year-old whose face was disfigured from the blaze. "As soon as I turned 12, I joined" the Farc. In the poor, remote parts of Colombia that are rebel bastions, joining the Farc was as natural as going to high school or signing up for military service, they said.

Adult deserters who enter the reintegration programme face the possibility of criminal charges if prosecutors suspect they are guilty of serious crimes such as kidnapping, drug trafficking or murder. But prosecution for their broader offence – "rebellion" – is typically suspended as long as they comply with the programme and stay out of

The government relocates many ex-combatants and their families to new cities where they can change their names and attempt a fresh start. But even in a country of 47 million, the former fighters say they continue to look over their shoulders, fearing that they will be found out.

It is one of many strains of civilian life for former child soldiers who missed out on adolescence and formal schooling and who are now trying to rebuild ties to estranged family members and make friends. Many struggle to stay a step ahead of their demons.


At a community centre for the disabled outside Bucaramanga, ex-guerrilla Gregorio Hernandez found atonement of sorts as a handyman, a decade after fleeing Colombia's second-largest rebel group, the National Liberation Army, or ELN, and six years after completing a prison term for homicide. He joined at 14, he said, "wanting to be Robin Hood".

One of the few co-workers who knows about Hernandez's past is Jorge Rios, a powerful man with no legs who welds and repairs wheelchairs.

Rios was nearly killed in a rebel grenade attack 20 years ago as a young soldier and has survived 83 operations.

But he bears no grudge against Hernandez, he said. The two men have become friends and have shown others "that we can all make peace", Rios said.

"This war is absurd," he said. "There is no reason Colombians should be fighting Colombians." trouble.

Colombia Farc badge

Fuente: www.theguardian.com/

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Jueves, 26 de Junio 2014

En un comunicado emitido por el ELN, está guerrilla se atribuyen las dos explosiones que se presentaron en la madrugada del domingo en el batallón Pedro Nel Ospina, ubicado en Bello, Antioquia, el cual dejó dos militares heridos que se encuentran en cuidados intensivos de un hospital de Medellín.

Según la guerrilla, los subversivos “atacaron una Casamata y un puesto de mando de dicho batallón en una acción simultánea, dejando varios bajas entre muertos y heridos”, y aseguran que los insurgentes se retiraron sin novedad.

El ELN aseveró que la denominada operación “Anorí Vive”, fue hecha por fuerzas especiales del frente Héroes de Anorí, y la razón del ataque es en retaliación por ejecuciones extrajudiciales al parecer cometidas por soldados en el país.

Mediante un comunicado, la IV Brigada informó ayer que las explosiones se presentaron por un accidente industrial con dos cilindros de gas a las dos de la mañana y descartaron que los hechos presentados “en las instalaciones del Batallón de Ingenieros n° 4 'General Pedro Nel Ospina' hayan sido producto de un accidente con explosivos”.

El comandante de la IV Brigada, general Néstor Róbinson Vallejo, sostuvo a este diario que las explosiones se presentaron en una cocina industrial, y puso en duda que fuera un ataque del grupo guerrillero.

“Es una circunstancia que se está investigando, Nosotros no tenemos evidencia, primero que el Eln esté acá en Medellín, y no tenemos ninguna evidencia que haya sido un ataque porque no hubo intercambio de disparos y eso se presentó en un recinto cerrado, dónde hay unos cilindros de gas”, dijo el general Róbinson.

Con respecto al frente del ELN que se atribuyen las dos explosiones, el comandante de la IV Brigada aseguró que el accionar de esta estructura armada está en el nordeste antioqueño y tampoco tienen conocimiento de estructuras urbanas del grupo guerrillero.

La explosión fue a la 1:25 a.m.

La cercanía del batallón Pedro Nel Ospina a las viviendas de civiles en ese sector de Bello, permitió a los habitantes describir a este diario cómo fueron las explosiones y a qué horas.

“Eso sonó muy duro como a la 1:30 de la mañana. Fueron dos explosiones muy duras y de una se sintió mucho movimiento en el batallón”, dice uno de los habitantes.

Fuentes extraoficiales manifestaron a este diario que a las seis de la mañana del domingo integrantes de la Sijín y expertos antiexplosivos ingresaron al batallón para tomar “experticios y adelantar la investigación”. Además, que se esperan los resultados del laboratorio para saber si hubo explosivos y qué tipo de estos se utilizó.

El general Róbinson manifestó que los soldados se encuentran fuera de peligro, sin embargo fuentes extraoficiales también aseveraron a El Colombiano que el soldado Carlos Andrés Montoya tiene una herida grave en el pulmón y se encuentra en cuidados intensivos.

 

Nicolás Rodríguez Bautista, alias 'Gabino', máximo comandante del grupo guerrillero ELN.

Fuente:  www.eluniversal.com.co/

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Noticias de Cali, Valle y Colombia

 

Jueves, 26 de Junio 2014

La Mesa Nacional de Víctimas ya escogió 15 delegados para acudir a La Habana, Cuba, en el marco de la discusión del punto sobre víctimas que tratarán las delegaciones negociadoras del Gobierno Nacional y las Farc.

Colprensa conoció que el listado de 15 nombres se entregará esta semana al Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo; y que el viaje a La Habana se podría concretar en el mes de julio.

La Mesa Nacional de Víctimas, mecanismo de participación creado por la Ley de Víctimas, escogió los delegados en un plenario extraordinario realizado el viernes pasado en Bogotá.

Allí, se discutieron los 10 principios acordados entre el Gobierno Nacional y las Farc para tratar el tema de las víctimas y en los cuales la guerrilla, por primera vez, hizo un reconocimiento de sus víctimas.

Entre los nombres que resaltan está el de Jorge Vásquez, coordinador de la Mesa Nacional, y el de Odorico Guerra, actual Secretario del Comité Ejecutivo de la Mesa, en representación de los pueblos afrodescendientes.

La Mesa Nacional de Víctimas se encuentra ultimando los detalles de un documento en el cuál se consigan propuestas recolectadas a nivel nacional, a través de las mesas departamentales y municipales, así como en cabildos y foros.

Ahora, se tienen previstos unos foros en el Meta, Barrancabermeja, Barranquilla y Cali para trabajar directamente con las víctimas y recoger más propuestas que serían tenidas en cuenta, a pesar que, al parecer, cuando estos foros se realicen la delegación ya estaría en La Habana.

Fuente: www.elpais.com.co/

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Martes, 24 de Junio 2014

En materia de paz, la elección presidencial del 15 de junio barajó y volvió a dar, como dicen.

Por un lado, la reelección le dio a Juan Manuel Santos lo que más le faltaba: un mandato claro para concretar la paz, con el que no contó en su primera elección pues ni la palabra figuraba en e
l léxico uribista. Por otro lado, lo deja más amarrado que antes a las negociaciones que adelanta con las Farc y el ELN, de las que le será más difícil levantarse. Y el presidente queda con un país dividido y polarizado y una oposición acérrima que no harán nada fácil ni el acuerdo, ni su refrendación popular, ni su implementación.

Todo ello sin contar con que la votación redibujó el mapa político. Se configuraron dos fenómenos, tan inusuales en la política colombiana como de hondo impacto: una nueva derecha, que no teme proclamarse como tal y que tiene casi la mitad del electorado, y una ‘coalición por la paz’ que, con 1 millón de votos más (por ahora), reúne a lo más granado del establecimiento liberal-conservador tradicional, desde Santos y Gaviria hasta Gerlein y Serpa, y a caciques emergentes, con casi toda la izquierda, de moderados del Polo Democrático hasta Marcha Patriótica, pasando por los Progresistas de Gustavo Petro.

Cuál será el impacto de este realineamiento de fuerzas en la política en general o en el nuevo gabinete en particular, está por verse (Clara López, el petrismo y otras fuerzas descartaron toda participación). Pero es claro que, junto a los otros fenómenos que arrojó la elección, tendrá un efecto profundo en el trazado del mapa de la paz. Y el presidente reelecto deberá contar con sus nuevos amigos y sus no tan nuevos enemigos, en el Congreso y en la opinión pública, para sacarla adelante.

La elección deja varios frentes urgentes por atender.

El primer desafío del presidente es tratar de sanar las heridas dejadas después de la polarización de la campaña electoral. No solo frente a los 7 millones de colombianos que votaron contra su fórmula de paz, sino con los políticos del otro bando que protagonizarán una dura oposición en el Congreso. Casi otro ‘acuerdo de paz’ debe buscarse entre santismo y uribismo, sin el cual una reconciliación duradera, aun logrando un trato con las guerrillas, es difícilmente concebible. No solo por razones tácticas –en ese Congreso habrán de negociarse las condiciones judiciales y de participación política para los guerrilleros desmovilizados sino también porque el gobierno deberá convencer a la mayoría de los colombianos de que apruebe lo acordado mediante alguna fórmula de refrendación popular.De ahí se deriva un segundo desafío, que señaló la líder del Polo Clara López, no bien pasada la elección. Además de llamarlo a concertar la agenda de reformas hacia el posconflicto le dijo que “el proceso con las Farc requiere ajustes”, como incorporar a la mujer y a las víctimas y estableciendo “un sistema de información que prepare a la sociedad y a las instituciones para el posterior proceso de refrendación”. También insistió en la necesidad de un cese al fuego.
“Lo que le va a ocurrir a Colombia es que se va a venezolanizar”. “En las escuelas les inocularán el virus del comunismo a los niños desde su más tierna infancia”. “El castro-chavismo desplegará todo su poderío hasta hacer del país una copia fiel de Cuba”. “Se eliminará la propiedad privada”. “El Ejército y la Policía estarán a las órdenes de las Farc”. “A los guerrilleros se los premiará con miles y miles de hectáreas a lo largo y ancho del territorio nacional”. Expresiones como estas sobre las negociaciones de paz en La Habana se oyen cada vez con más fuerza, y especialmente en las redes sociales.

No es un asunto baladí. Solo hay que asomarse a internet y darse una vuelta por los foros en los que se comentan las noticias sobre los diálogos en Cuba para entender cómo poco a poco estas consignas, a pesar de no tener ningún asidero en la realidad, van calando en el imaginario colectivo.

¿Cómo se ha gestado toda esta máquina de mentiras alrededor del proceso de paz? ¿Qué explica que algunos crean que de un momento a otro el presidente Santos se convirtió en un hombre de extrema izquierda? Y lo más importante: ¿Qué consecuencias podría generar este fenómeno, que ha venido en ascenso, de cara al día en que haya que refrendar los eventuales acuerdos de paz?

En términos sociológicos y antropológicos, los mitos, según explica Andrés Molano, analista y profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, son narrativas que de una u otra forma tratan de explicar realidades nuevas y complejas que sacuden la lógica con la que ha funcionado una sociedad, como en efecto está ocurriendo en Colombia, donde se está negociando una salida política a un conflicto armado de más de 50 años con un grupo al que por décadas se ha calificado como terrorista.

En ese camino, el de los mitos, no es extraño, entonces, que surjan afirmaciones como que el recién reelegido presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, es en realidad un ‘castrochavista’, algo que, según Medófilo Medina, historiador y profesor emérito de la Universidad Nacional, autor de El rompecabezas de la paz, “no resiste el más mínimo examen”.

‘Creencias absurdas’

Medina ataca con vehemencia el convencimiento sobre una supuesta ‘trinidad’ santismo-castrismo-chavismo. “Ese mensaje no solo es absolutamente artificioso, sino que resulta ridículo. Es imposible pensar que Santos vaya a ser el impulsor de cambios con una orientación de extrema izquierda. Puede ser reformista, pero de ahí a asociarlo con el chavismo es una enorme fantasía”.

Y sobre el temor de que el denominado proyecto bolivariano cruce las fronteras y se instale en Colombia, dice: “No hay elementos para pensar en un plan de expansión de este modelo sociopolítico. Especialmente cuando Venezuela está inmersa en sus propias, y muy serias, contradicciones internas. Así que pensar que ese país representa una amenaza es absurdo”, explica Medina.

El propio Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del Gobierno en la mesa de diálogos, ha tenido que salir al paso de múltiples rumores que advierten de un cambio en la estructura de las Fuerzas Armadas o de una limitación de sus funciones, algo que ni siquiera se ha hablado en La Habana, ni está previsto que se haga. Incluso, ha tenido que atajar versiones sobre supuestos límites a la propiedad privada.

Campaña de desprestigio

La difusión de mensajes como estos a través de las redes sociales o a pie de calle tiene, en opinión de varios analistas consultados por EL TIEMPO, un trasfondo mucho más complejo y en el cual se suman diversos factores. Entre ellos, el político.

“Es evidente que los mitos alrededor del proceso de paz tienen que ver con una campaña sucia que busca desacreditar los diálogos. Y ese desprestigio ha venido fundamentalmente desde las toldas uribistas”, afirma Carlo Nasi, profesor asociado del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

Durante los ocho años del gobierno de Álvaro Uribe Vélez se produjo, en palabras de Fabio López de la Roche, investigador del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Nacional, historiador y analista de medios, una “uniformidad lingüística que, entre otras cosas, homogenizó el discurso, prohibió utilizar la expresión ‘conflicto armado’, la reemplazó por ‘amenaza terrorista’ y convirtió a las Farc en el enemigo público número uno de los colombianos”.

“Todo ello –continúa López, autor de Las ficciones del poder: patriotismo, medios de comunicación y reorientación afectiva de los colombianos bajo Uribe Vélez (2002-2010)– con la ‘ayuda’ de la guerrilla, cuyas prácticas de secuestro y extorsión, entre otras, contribuyeron a alimentar el discurso que se gestaba desde el uribismo”.

Por lo tanto, la imagen de las Farc pesa, y considerablemente, en la construcción de los mitos en torno del proceso de paz. Pero al mismo tiempo, es claro que el mensaje durante el mandato de Uribe caló tanto entre la sociedad colombiana que, para una parte importante de los ciudadanos –como demostraron las últimas elecciones–, es inaceptable que Santos se siente a hablar con una organización terrorista, así esto suponga prolongar indefinidamente la guerra.

“Las Farc son responsables de una parte de las dificultades que hay para legitimar y socializar los diálogos”, agrega el analista Andrés Molano. “Haber abusado del proceso de paz del Caguán y de la violencia, las deslegitimó y erosionó enormemente su credibilidad. A tal punto, que las Farc acaban de hacer dos treguas importantísimas, porque fue la primera vez en que hubo unas elecciones en condiciones de seguridad relativamente buenas; pero eso no le llegó a la gente. Y esto ocurrió, en mi opinión, porque en este país nadie les cree. Ni siquiera cuando hacen gestos políticos considerables. Ese es un desafío muy grande hoy, pero sobre todo en el futuro, si llega el momento de la refrendación de los acuerdos de paz por parte de la ciudadanía”.

Adicionalmente, el fracaso de las conversaciones del Caguán durante la época de Andrés Pastrana, entre 1998 y el 2002, se ha convertido en un peligroso antecedente para los diálogos de La Habana. La lectura que hizo la sociedad colombiana de aquel momento trascendental –dice Carlo Nasi– “fue que el Gobierno lo entregó todo y las Farc simplemente se aprovecharon y engañaron al país, lo que es verdad. Pero también hay que decir que el Gobierno manejó esa negociación con una torpeza monumental. Pastrana cometió una cantidad enorme de errores, lo que, sin duda, contribuyó al fracaso. Pero muchos no conocen esa parte de la historia y se aferran a la interpretación simplista de que con las Farc no se puede negociar nada, porque así como nos engañaron en el Caguán, lo volverán a hacer, sin tener en cuenta que Santos corrigió muchas de las equivocaciones de Pastrana y el contexto es otro”.

El exsenador Antonio Navarro Wolff, exmiembro de la guerrilla del M-19, opina, por su parte, que las Farc emiten un mensaje confuso que, a la postre, contribuye a que aumente la desconfianza frente a la posibilidad de un acuerdo. “Si de verdad van a dejar las armas, tendrían que estar pensando qué va a pasar con ellos cuando se desarmen y se enfrenten a estos niveles tan altos de impopularidad. Ya deberían estar tratando de mejorar su imagen a través de gestos políticos contundentes como un cese del fuego unilateral”, afirma Navarro.

El otro gran factor que pesa, y mucho, en el clima de confusión y desconfianza que rodea a los diálogos de La Habana es, y en eso coinciden los analistas, la “poca pedagogía” que ha hecho el Gobierno en torno al proceso. “Si estamos ante acuerdos sólidos y sostenibles hay que esforzarse en comunicarlos bien, para evitar que los rumores hagan daño”, sostiene Víctor G. Ricardo, ex alto comisionado para la Paz durante el periodo presidencial de Andrés Pastrana.

Los mitos sobre La Habana, dicen los expertos, se deben combatir a punta de pedagogía intensiva: una tarea en la que el Gobierno ya ha dado pasos, pero en la que se necesita mucho más.

“El mito del castrochavismo y de la entrega del país a las Farc solo se puede enfrentar y derrotar con discursos claros y liderados oportunamente por el Gobierno; porque si no lo hace, intervendrán otros actores que propagarán interpretaciones no objetivas, como está sucediendo. Se ha confundido la necesaria discreción a la que obligan este tipo de negociaciones con una especie de secretismo absoluto, que alimenta toda clase de leyendas”, concluye Andrés Molano.

Se trata, en definitiva, de fortalecer los mensajes para que la sociedad colombiana entienda la importancia de la reconciliación y el perdón, y de cerrar el capítulo de la guerra interna.

Asumir los retos de la paz no es tarea fácil. De hecho, son infinitamente más complejos que los de la guerra.

El primer ciclo de los diálogos en La Habana comenzó oficialmente en noviembre del 2012.

Fuente: www.eltiempo.com/

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Martes, 24 de Junio 2014

“Siempre será mejor hablar que disparar”, respondió el arzobispo Desmond Tutu en Barcelona cuando le preguntaron por los diálogos entre la administración Santos y las Farc. El nobel de la paz (1984), reconocido gestor del fin del apartheid en Sudáfrica, se encontraba en la capital catalana para recoger el Premio Internacional Cataluña 21014 a principios de este mes.

Tutú afirmó que el camino hacia el fin de la guerra es difícil, pero no imposible, y animó a las partes a continuar en la mesa de La Habana. “Colombia tiene una maravillosa oportunidad para alcanzar la paz, si las partes encuentran puntos de acuerdo en los que todos salgan ganando”, dijo. Tutu, que dirigió la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en su país, admitió que el conflicto colombiano se complicó por el narcotráfico y se mostró en favor de la legalización.

“¿De dónde viene el problema de las drogas? De los países ricos, que son capaces de obtenerlas –puntualizó–. Un expresidente del Brasil (Cardoso) y el mismo Kofi Annan (exsecretario general de la ONU) han dicho que se deberían legalizar y yo estoy de acuerdo”.

“Espero que Colombia cuente con políticos que entiendan que el país es de todos, y que se pueda amnistiar a los rebeldes que confiesen delitos políticos. Colombia debe ofrecer amnistía, porque las Farc también son parte de Colombia y quieren a su país. Colombia necesita una verdadera democracia, en la que todos puedan unirse y comenzar de nuevo. Sé que será muy difícil, porque ha habido muchos muertos y porque muchas familias han perdido a sus seres queridos; pero los seres humanos son increíbles y si todos los colombianos entienden que el país les pertenece a todos pueden continuar juntos para lograr la paz”, exhortó este arzobispo emérito de la Iglesia Anglicana.

Tutu reiteró que “la oportunidad que tienen no la pueden dejar escapar” y animó a los colombianos a empezar desde cero, “porque Colombia es un país maravilloso; si no se aprovecha esta oportunidad para la paz, la situación de conflicto continuará tal y como la tienen ahora”. Durante la ceremonia de entrega del l premio Tutu participó en la conferencia ‘Desigualdades y riesgo de violencia: ¿es posible la cohesión social sin garantizar la dignidad?’.

En su su intervención, el líder sudafricano reconoció que muchas de las recomendaciones hechas por la Comisión para la Verdad y la Reconciliación no fueron tomadas en serio, “sobre todo las relacionadas con la necesidad de reducir la pobreza y la desigualdad”. Y advirtió que, a pesar de que Sudáfrica ya es un país sin racismo institucional, la población más pobre sigue siendo la negra y sigue habiendo problemas de convivencia.

“Dijimos que si no se reducía rápidamente la brecha entre ricos y pobres le podíamos decir adiós a la reconciliación nacional. Lamentablemente, hoy la Ciudad del Cabo sigue siendo mayoritariamente blanca y opulenta. Aún me sorprenden los guetos negros de pobreza en Sudáfrica”. Finalmente, hizo un llamado para que instituciones públicas y privadas comprendan que “la pobreza es muy costosa” para cualquier sociedad y que una de las principales causas de la violencia es la desigualdad social.

Un símbolo de reconciliación

Nacido en Klerksdorp (Sudáfrica), en 1931, Desmond Tutu fue educado en la escuela misionera dirigida por su padre y se licenció en Magisterio y Teología. Después de tres años como profesor de bachillerato, ingresó a la Iglesia Anglicana y fue nombrado sacerdote en 1961.

Como obispo de Lesoto, lideró el Consejo Sudafricano de Iglesias, que coordinó acciones en pro del fin del ‘apartheid’. En su calidad de arzobispo, fue el principal mediador durante la transición a la democracia y dirigió la Comisión para la

Verdad y la Reconciliación, creada por Nelson Mandela. En el plano personal, Tutu reveló que su papá golpeaba a
su madre y que el ejercicio de perdonarlo y perdonarse a sí mismo le ha costado “toda una vida”.

Desmond Tutu recibió el Premio Internacional de Cataluña a principios de junio.

 

Fuente: www.eltiempo.com/

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Martes, 24 de Junio 2014

El mandatario ecuatoriano felicitó a su homólogo colombiano y, de paso, a la Selección Colombia por su actuación en Brasil 2014.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, consideró que Colombia alcanzará la paz bajo el liderazgo de su homólogo, Juan Manuel Santos, a quien volvió a felicitar públicamente por su reelección.

"Colombia votó por la democracia, por la paz, fue reelecto nuestro querido amigo el presidente Juan Manuel Santos, felicitaciones a Colombia, felicitaciones a Juan Manuel, mucha suerte", dijo Correa en su informe semanal de labores al comentar sobre los comicios del pasado domingo.

"Sabemos que bajo su liderazgo (de Santos) Colombia, nuestra querida Colombia, alcanzará la paz", enfatizó el presidente ecuatoriano.

El pasado jueves, el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Colombia declaró a Santos como presidente del país para el periodo 2014-2018, al validar los comicios del pasado domingo en los que se impuso al candidato Óscar Iván Zuluaga, del movimiento opositor Centro Democrático.

Según el escrutinio final, Santos logró la reelección en la segunda vuelta de las presidenciales con 7.839.342 votos, mientras que Zuluaga obtuvo 6.917.001. Zuluaga contaba con el respaldo del expresidente colombiano y senador electo Álvaro Uribe (2002-2010), líder del Centro Democrático, opositor al gobierno de Santos y crítico del proceso de paz con las Farc.

Por otra parte, Correa también felicitó a Colombia por el desempeño de su selección en el Mundial de Brasil 2014. "Felicitaciones a Colombia por esa reelección y por esa selección. Ojalá un latinoamericano gane esta Copa Mundial, pero los países europeos están sumamente fuertes ahí ven Alemania, Holanda, la propia Francia", comentó Correa.

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Martes, 24 de Junio 2014

En unas elecciones que estuvieron muy disputadas, The Economist afirma en su edición impresa que diferentes sectores del país votaron por el presidente Juan Manuel Santos para la continuidad de las negociaciones de paz que su Gobierno lleva a cabo con la guerrilla de las FARC desde 2012.

La revista resalta los avances que se han logrado en estos diálogos y las reuniones exploratorias que adelantan también con el Ejército de Liberación Nacional, algo que era criticado por el candidato rival, Óscar Iván Zuluaga, aliado del expresidente Álvaro Uribe porque consideran que estaba dispuesto a ceder mucho ante la guerrilla.

The Economist afirma que ahora que Santos ganó las elecciones y ha hecho claridad sobre varios aspectos de los diálogos, debe enfocarse en otros sectores diferentes a la paz, pues “los colombianos no pueden vivir únicamente de esta promesa”.

Analistas consultados por la publicación que trabajaron en la campaña de Santos señalan que tiene prioridades como la reforma a la salud y a la justicia, la distribución de regalías y eliminar la reelección presidencial, varias áreas que serán seguidas de cerca por los uribistas y por los partidos de izquierda que después de apoyarlo han dejado claro que seguirán haciendo oposición.

Fuente: www.caracol.com.co/

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Viernes, 20 de Junio 2014 

 

El presidente de la República le expresó este jueves a su homóloga de Brasil, Dilma Rousseff, su agradecimiento por el acompañamiento que le han a su Gobierno para apoyar el proceso de paz con el Ejército de Liberación Nacional.
Santos se reunió por unos minutos con Rousseff en la residencia presidencial de La Alvorada, en Brasilia, a donde viajó para acompañar a la selección Colombia de fútbol que enfrentará al onceno de Costa de Marfil.

“Yo no tengo sino palabras de agradecimiento con el Brasil por su papel y su ayuda en este proceso que va por buen camino, va en la dirección correcta”, sostuvo el mandatario nacional.

Santo explicó que Brasil tuvo un “papel muy productivo, muy constructivo. Brasil nos ayudó muchísimo desde el principio. Yo le pedí al Gobierno de Brasil que nos facilitara y nos ayudara y nos ayudó mucho desde el comienzo”.

El presidente igualmente indicó que los dos países “tienen una relación muy buena” y dijo que con Rousseff repasaron toda la agenda, “hay muchas áreas en las que Colombia y Brasil están trabajando juntos”.

Destacó la integración lograda en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y en el Mercado Común del Sur (Mercosur), al tiempo que consideró conveniente acercar a estos grupos con la Alianza del Pacífico, cuya presidencia temporal entrega mañana Colombia a México.

 

Colprensa/VANGUARDIA LIBERAL

Fuente: www.vanguardia.com/

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